martes, 5 de mayo de 2020

¿Micro Historias?

Para quien quiera que este leyendo esto; este año me volvere madre y con ello me ha dado cuenta que ocupare mi tiempo en otra personita sin embargo tendre mucho tiempo para mi debido a la cuarentena y al hecho de que deje mi trabajo asi que decidi compartir con ustedes unas micro historias que escribi en el 2016 y que hasta hoy no he sido capaz de actualizar... La historia me gusta mucho y sera corta, segun lo que tengo en mente, espero este año tener los animos para finalizarla....

Micro Historias: El Charco ~ Cuarto encuentro

Ya se acercaba su cumpleaños y con ello su graduación de la academia. No era una obligación graduarse pero si tenias más de dos años en ella podías dejarla. Lisa estaba feliz de que eso pasase, pero a la vez estaba triste... Dejar la academia significaba contraer matrimonio o por lo menos prometido, en su caso.

— Madre te lo pido por lo que más quieras ... No me hagas hacer esto. — Lisa tenía quizás más de quince minutos intentando convencer a Susana North, de que no le realizará celebración de cumpleaños dieciséis. — Esta fiesta se hace solo para las desesperadas que no consiguieron prometido a los catorce...

— ¿Y tú qué eres? ¡Te he dicho que se hará Lisa! — su madre se cruzó de brazos y la miro algo furiosa. — No es porque queremos arreglarte un matrimonio... Necesitarás casarte, por lo menos pon de tu parte y conoce personas.

— Conozco personas.

— Hombres, de tu edad... Solteros. — Lisa estaba por decir algunos nombres, pero todos eran viejos casados o niños.

— Seré la burla del pueblo... Me dirán desesperada. — Lisa se lanzó al gran colchón. — No quiero dejar la academia.

— Lo harás. Tu padre no permitirá que vivas allí toda tu vida como la Señorita Robinson. Nosotros queremos que tengas una familia.

— Eran tan amables cuando tenía catorce. — Recordó aquella vez que cumplió la edad de presentación y su madre lo dejo pasar porque "no estaba lista para el matrimonio " — Dos años después ya me quieren fuera de casa...


— No es así Lisa, si te preocupases por no sé... — su madre susurro — coquetearle a algún chico, no estaría e la obligación de hacer esto.


—¡MADRE! — Ambas comenzaron a reír y la mayor agregó:


— Bien, tómalo como un favor... No tendrás que coquetearle a nadie... Con esta fiesta ellos vendrán a ti.


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—Creo que en el fondo mi mamá no quiere esto. Me vistió de turquesa. —Lisa estaba bajando las escalera hacia el comedor, donde se encontraban los invitados de sus padres. En estas fiestas solían vestir colores puros, pero su madre insistió en que debía de ser diferente.


— No lo arruines. — Su Padre le dijo sonriendo. — Victoria, juega con los chicos de tu edad. — Su hermana pequeña asintió y bajó con entusiasmo las escaleras.


Su padre la llevo a diferentes familias, presentándola a ellos y sus hijos. Lisa por supuesto conocí a la mayoría ( la mayoría en realidad eran más viejos que jóvenes)


— Ellos son los Kudrov — Pelirrojos y pecosos.


— Ellos son los Hydan — Morenos y ojos miel.


— Te presento a los Atoco — Miradas sombrías y pieles pálidas.


Su padre continuó caminando y Lisa miro de lejos a su miga Lucille, ella sonrió y camino en su dirección.


— Lisa, Feliz cumpleaños. — le dijo entusiasmada, Lisa le agradeció con una sonrisa y guiños. — Oh ya veo. Señor North... Yo me haré cargo.


— No te preocupes Lucille. Es mi hija — su padre sonrío y Lucille suspiro. Lisa hizo lo mismo. — Bien... Pero si tú madre pregunta, te he presentado a todas las familias.


Lucille y Lisa se alejaron entre risas hacia el patio.


— Hay chicos guapísimos ahí. — había dicho Lucille minutos antes. (Y cabe destacar que a Lucille le encantaban los chicos, pero no podía acercarse a ninguno)
Continuaron caminando y llegaron hacia un banco, donde tomaron asiento.


— Ese pelirrojo es Alex Kudrov. Esta muy guapo y su familia es dueña de los vinos Kudrov. — Lucille sonrió y agregó. — Escuche que tu padre le dio clases.


— Esos gemelos son los Atoco. — Lisa se sorprendió y Lucille continuó. — Lo sé, sus padre dan miedo pero ellos son unas obras maestras. — Y en realidad eran demasiado guapos... Parecían hechos con la mejor pintura.


— Aquellas dos están tras ellos. Una es de la familia Grant y la otra no tengo idea. — Lisa miro a dos muchachas de su edad que miraban a los chicos, justo como hacían ellas.


— Ellos son los hermanos RedWall, no me preguntes los nombres; no tengo idea. — Lisa si sabia sus nombres así que no se preocupo por ello. — La chica quiere ir a la academia militar y el chico quiere ser profesor, sus padres les invirtieron los papeles.


— Una lastima...


— Pues, si el llegase a ser profesor... Me hago la tonta Lisa — ambas comenzaron a reír— Y me caigo en algún charco.
—Lucy, no empieces...
Continuaron cotilleando y comiendo bocadillos; en ocaciones Lucille soltaba algunas de sus bromas y Lisa no podía aguantar sus fuertes carcajadas.


— Así que tú eres Lisa North. — la voz de Holly resonó a su lado. — Nuestros padres son amigos... Y nosotras enemigas.


— Hola, soy Lucille Radcliffe. — todos sabían que Los Radcliffe eran los dueños de todos los locales del centro, gracias a ellos Lucille siempre sabia de todo. — Debes ser la hija de los RedWall.


— Así es. — la chica sonrío. Siempre parecía estar molesta, pero parecía que esa fuese su actitud. — Feliz Cumpleaños Lisa.


—¿Tú hermano está casado? — comenzó a decir Lucille. — ¿Le interesaría mi linda amiga?


— Lucille por Dios. — Lisa se avergonzó más de lo normal y le dio un codazo. —Ignórala.


—Es el momento perfecto... —Lucille la miro perpleja y comenzó a reír. De seguro había recordado la historia del charco y de cómo el chico de los RedWall se había reído de ella. — ¿Cómo es el nombre de tu hermano?


— ¿Qué ocurre con el? —Holly las miro curiosas. Su hermano estaba del otro lado hablando con un chico alto y moreno.


— Es un conocido... Pero olvidé su nombre. — Lucille sonreía y Lisa comenzó a sentir miedo.


— No le digas, ignórala.


— Se llama Lucas. — Lisa miro a Holly algo decepcionada y esta sonrío satisfecha. — Venganza. — La muchacha de cabellos negros tomo un bocadillo de la mesa y se fue con la chica de la familia Grant.


— Lucille por favor...


— ¡Lucas! — su amiga no tenía buena comunicación con los chicos cuando se trataba del romance, pero como buena hija de negocios, cuando tenía alguna otra meta le iba a la perfección. — ¡Lucas, mi amiga Lisa-


Lisa sello la boca de Lucilla antes de que esta continuase. Su amiga intento zafarse pero ya era tarde, Lucas venía en dirección a ellas.


—¿Ocurre algo? — el parecia en verdad confundido con todo aquello.


— No es nada. — dijo Lisa algo nerviosa. — Mi amiga está loca. Lo siento mucho señor.


Lucille se soltó y se alejó unos centímetros de su amiga para agregar. — Es que Lisa quería hablarte... — Lisa la miro algo sonrojada y luego miro al chico, que estaba tan rojo como el tomate.


—¿A mi? — El miro a Lisa y esta sonrío — ¿Me recordaste?


— No te he olvidado Lucas. — Lisa tragó saliva y el aclaró su garganta.


— Pensé que era así; la última vez en la panadería parecías no tener idea.


— Lo siento. Luces diferente. — Lucille los miraba sonriendo. — Temía equivocarme.


— Bueno si... Estoy preparándome para entrar en la academia militar. — Si solo estaba en preparaciones no podía tener más de dieciocho. — ¿Terminaste la academia entonces? ¿te casarás?


— Si la he terminado. — Lisa miro a Lucille y esta le guiñó un ojo. — La verdad, no.


— Es comprensible. Estas fiestas son para las mujeres desesperadas. — Lucas sonrío y pareció ser el mismo de antes.


— Por un momento pensé que habías madurado. — Lisa puso los ojos en blanco y el soltó un risa.


Lucille aclaró su garganta y agregó: — Sabes... Ella estaba tan avergonzada, pensó que podrías recordar lo del charco.


— ¡Eso no lo he olvidado! — El y Lucille comenzaron a reír fuerte y Lisa resopló, todo se había volteado en su contra. — Temia mencionarlo... La última vez no pareció hacerte gracia.


— No me causa gracia. — Le dijo Lisa y el se encogió de hombros.


— Feliz Cumpleaños. — Ella asintió y sonrío, el estiró su mano... Estaba invitándola a bailar.


Lisa odiaba bailar, pero esta vez tenía ganas de hacerlo. Así que aceptó.


Micro Historias: El Charco ~Tercer Encuentro.


—Lisa —comenzó a decir la Sra. Robinson — Nunca conseguirás un buen esposo si sigues con esas ganas...
— Es que...

— Se que te fastidia todo esto de los bailes y costura... Y eres un poco torpe en ellos pero... — La mujer suspiro— Es obligatorio y más si eres hija de semejante profesor.

— Disculpe Señorita — Lisa puso cara larga. — Pero no me obligues a bailar otra vez... Me molesta ver lo torpe que soy y salgo rindiéndome.

— Esta bien... Ya puedes irte entonces. — Lisa comenzó a recoger sus materiales y se despidió con un beso en la mejilla. — Mañana continuaremos con clases de piano... Eres excepcional en eso.

— Hasta mañana — Lisa comenzó a bajar las escaleras de la academia. Ya llevaba como mucho un año en ella desde que cumplió la edad de presentación. La academia era algo obligatorio para las chicas del pueblo, por supuesto como todo en el país, era dividido para ricos y para pobres; Lisa tenía suerte de que su padre fuera Mateo North (uno de los mejores profesores) ya que le habría muchas puertas en la sociedad.

— Auch. — Lisa sintio el golpe para luego tambalearse. Había estado pensando en lo que podría haber para cenar y olvido mirar al frente.

— ¡Por lo menos discúlpate! — escucho la voz de una chica. — Fue tu culpa después de todo.

Demonios. — Lo siento. No estaba prestando atención. — Lisa pudo mirar que se trataba de una chica con cabello color azabache y grandes ojos grises. Su cara le era familiar y la señora que la acompañaba debía de ser su madre, era tan similar a ella.

— Eso es obvio. — La muchacha sonrío y miro a la que parecía su madre — Mamá... Si asi son los estudiantes imagínate la academia.

Su mádre respiró profundo y pareció haberle dado un codazo a su hija. — Discúlpala, es su primer día aquí... Esta algo nerviosa.

— No lo estoy. Odio este lugar, eso es todo.

— Es normal... — Lisa sonrío nerviosa a las dos peli negras. — Es un buen lugar, por más aburrido que parezca.

— Tu lo dices porque de seguro te encanta el té, el piano, los libros y hornear galletas — Lisa se sonrojó, ¿tan predecible era? — A una chica como yo que le gustan los caballos, arcos y flechas y cazar conejos... Esto es el infierno.

— Es suficiente ... Nos vamos. —La mujer tomo a su hija y comenzó a subir las escaleras hacia la academia. — Espero que consiga amigas aquí... — Más que un pensamiento parecía pedir un favor.

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Lisa estaba de buen humor hoy, la clase de cocina había sido buena, en la práctica de baile le había ido mal pero luego de comer algunas galletas junto a su grupo de amigas lo olvido, y al terminar su clase de piano su humor estaba a la perfección. Le encantaba el piano casi como le gustaba leer; siempre le guardo rencor a su tía por llevarse el piano de la familia, pensó que si eso no hubiese pasado, a sus quince años sería la mejor pianista del país.

—Señorita Robinson. Es hora de irme. — La castaña solía tomar el turno de nueve a tres, así podría ayudar a su madre en las tardes con la cena. — Nos vemos mañana nuevamente.

—Adiós Lisa. — la señorita Robinson dejo un paquete en sus manos. — Esto sobro de la clase de cocina, te las regalo. — Con solo sentir aquel paquete tibio sabía que se trataban de más galletas.

La muchacha comenzó a bajar las escaleras y mirando al frente para no cometer el mismo error de ayer. Luego de estar a una cuadra de la academia la lluvia comenzó a apoderarse de las calles y Lisa se refugio bajo el techo de la panadería más cercana.

— Los cielos está enviando señales. — dijo una voz femenina. — Lucas, ellos no quieren que asista a clases.

— En cuanto termine de llover te llevaré. Los cielos no envían ninguna señal a los flojos.

Lisa comenzó a reír, podría apostar lo que fuese que la voz a su espalda se trataba de la chica del otro día. ¿Tanto detestaba la academia?. Parecía que trataba de convencer a todos lo que encontraba en el camino.

—¿Amiga? — Lisa escucho decir a la chica. — ¡Amiga, pero si eres tú! — la chica la abrazo y Lisa se sobresalto sorprendida ¿eran amigas siquiera?

—Ho-Hola. — Lisa la miro confundida y la azabache le guiñó un ojo.

—Lucas, puedes irte y dejarme con ella aquí. Ella es de mi clase... ¿No es así? — la muchacha pellizco tan fuerte a Lisa que esta termino apartándose.

— ¡No! — Lisa la miro sonrojada y luego al muchacho (quien le parecía familiar), el vestía un atuendo militar y y sus ojos grices parecían agotados. — Lo siento, pero no se de qué habla. — Lisa miro en otra dirección tratando de recordar de dónde le parecían tan familiares aquellos dos.

— Traidora. Te perdoné que te tropezaras conmigo y de esta manera me pagas. — la muchacha miro fastidiada a Lisa. — Me vengare.

—¿Qué cosas dices Holly? — El chico se aclaró la garganta y comenzó con voz firme. — Primero deja de meter a otros en tus asuntos y segundo, no puedes culpar a esta pobre chica de tropezarse... Es algo común.

— Calla. No eres mi padre. Ni siquiera sé qué haces aquí... — la muchacha se cruzó de brazos y Lisa aguanto las ganas de reír, le recordó a las discusiones con su hermana.

— Si no te escapases de camino a la academia nadie tendría que llevarte hasta a allí. Solo ayudo a mamá —El chico parecía de verdad irritado, al igual que su madre hace unos días.

El lugar se lleno de un silencio, y solo se escucho las gotas de lluvia caer. Holly, la chica de cabellos negros resopló y entro en la panadería.

— Siento mucho la actitud de mi hermana... Ella no está acostumbrada a ese ambiente en la academia. — el chico rubio a su lado comenzó a decirle.

—Esta bien. — Lisa sabía quién era el, y porque le era tan familiar. Miro en otra dirección tratando de ocultar su rostro, no quería ser molestada otra vez por haber caído en el charco. — Es normal... Al principio tampoco me gustaba. Después encontrará algo que le interese.

—Si... Bien, iré adentro. Si te apetece comer algo no dudes en pedirlo. — El le dedico una sonrisa y Lisa pensó que quizás la academia militar lo había hecho madurar. —Siento mucho lo de hace un rato.

— Esta bien. No hay problema. — Lisa le devolvió la sonrisa y él se dio media vuelta y entro al lugar donde segundo antes había entrado su hermana.

Después de unos segundos Lisa se alegró de no haber sido reconocida, le avergonzaba aquella caída y luego de que se lo contase a unas de sus amigas ella continuaba molestándola hasta el sol de hoy; le era suficiente con eso.

Al terminar de llover se fue en dirección a su casa con más ganas de comer que de seguir viviendo.

Micro Historias: El Charco ~ Segundo encuentro.

- Pero madre, yo de verdad no quiero presentarme. - Lisa refunfuñaba en la cocina mientras su madre le ponía algunos alfileres al vestido. - Mi padre me ha dicho que no tenía que hacerlo... Esto no es obligatorio.
- Quédate tranquila. - su madre tan paciente como siempre le dijo suavemente. - no es que vayamos a aceptar algún compromiso... Solo debes presentarte porque eres la primera hija del profesor North.
- Pero cumplí los catorce hace meses madre. - Habían pasados cinco meses desde su cumpleaños número catorce y su padre, como el excelente hombre que era le dijo que no esperaba presentarla a la sociedad tan joven. - ¿qué tiene de bueno hacerlo ahora?
- Que es una excelente oportunidad para que te habrás un camino entre los mejores profesores del pueblo. - la señora le dedicó una sonrisa y un alfiler la pincho bajo la axila. - todavía no sabes hablar el tordon, ni el cuares... Si algún profesor de esas lenguas se encuentra allí podrías... - su madre presionó el vestido en su vientre. - ser encantadora como siempre y obtener unas clases con ellos.
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Entraron en el gran salón, ella y su padre se encontraban cruzando sus brazos y caminando a la par con el otro. Lisa lucia su largo cabello castaño en una trenza decorada con pequeñas joyas y su vestido de terciopelo color azul cielo hacia resaltar sus ojos miel.
Su padre a su lado vestía un traje color café con una corbata del color de sus ojos, verdes oscuros.
Su padre la presento a cada uno de los profesores y sus hijos, e hijas. La mayoría tenían hijos entre los veinte y veintidós y el Señor North hacia caras incómodas cuando estos miraban con aprobación a Lisa, quien por su altura siempre parecía mayor.
- Ella acaba de cumplir los catorce. - decía su padre luego de que un chico de veinticinco besara la mano de Lisa. - catorce, catorce.
- Padre creo que le ha quedado claro. - la chica siempre trataba de ser lo más refinada, elegante e intelectual posible, era algo que su madre le había inculcado a ella y a su hermana desde muy jóvenes. - Disculpe la actitud de mi padre, es mi primera presentación luego de cumplir los catorce.

- Ya veo, discúlpame tú a mí. - el chico se inclinó ante el profesor y agregó. - pensé que tenía una hija mucho mayor.

Y cosas como esta sucedieron cada vez que Lisa era presentada a chicos que pasaban los veintes.

La cena fue tranquila, pavo al horno con ensalada de papa y un vaso de jugo de papaya. La larga mesa había sido decorada con frutas y velas y las mayorías de las conversaciones eran sobre libros o algún rey que solicitaba buenos profesores para sus hijos idiotas.

- Creo que nosotros no hemos tenido el placer de presentarnos ante su hija Profesor North. - le dijo una voz a su padre. Lisa miró de reojo a un señor canoso, quien seguro tendría un hijo igual de canoso, y continuó comiendo sus uvas.

- General RedWall, que gusto verlo. - le dijo su padre al señor. - Es una extraña coincidencia encontrármelo en las reuniones de profesores. ¿Sus hijos necesitan algún tutor?

- Oh no,no ya sabes cómo son Lucas y Holly. - el señor apoyo su mano en el hombro del profesor North. - excepcionales como su abuelo.

- Claro que si. - Mateo North miró a su hija y esta trago y le dedicó una fina sonrisa al señor RedWall. - Esta es mi hija Lisa; Lisa este es el general RedWall.

- Mucho gusto señor RedWall. - la chica se puso de pie para darle su mano, la cual fue besada delicadamente por el general.

- Me recuerda a Susana, Profesor. - Lisa sonrió, siempre era comparada con su madre. - Quien no veo desde que vine con mi padre a esta reunión de profesores.

- Hace unos veinte años. - su padre sonrió. - El profesor RedWall... Un excelente hombre.

- Así era. - el general suspiro y se dio media vuelta. - Lucas, ven. Quiero presentarte a la hija del Profesor North- Un chico alto y de cabellos rubios se fue acercando. - alguien quien fue capacitado por tu propio abuelo.

Lisa miró al chico de pies a cabeza. Muy similar a su padre a pesar de verse demasiado joven. Pantalones azul marino, camisa blanca y chaleco negro, sobre el un saco del mismo color de sus pantalones. Sus ojos grices y sus pómulos bronceados resaltaban aquellas pestañas largas.
Lisa miró avergonzada al chico, parecí mucho menor que el resto de los que le habían presentado.

- Lucas ella es Lisa North. - dijo su padre poniéndose de pie y tendiéndole la mano. - Y yo soy su padre el profesor Mateo North.

- Es un placer conocerlo personalmente profesor. - el chico le dio la mano al señor y le dedicó una sonrisa a Lisa. - ¿ya está en edad de presentación su hija?

Lisa se ruborizó lo suficiente como para que el muchacho sonriera, el padre de este le dio un codazo y el señor North aclaró su garganta.

- Si, desde hace cinco meses. - dijo el profesor.

- Ya veo, debe ser difícil aquí ¿cierto? - el chico no pareció importarle la presencia de los mayores cuando extendió su mano izquierda. - he escuchado que soy el único que tiene menos de veinte.

- ¿Si? - su padre asintió y Lisa toma la mano del chico- ¿cuántos?

- dieciséis. - dijo el y la llevó consigo hacia la mesa de postres. - Y dime Lisa...

-¿Qué cosa? - el chico tomo una galleta entre sus manos y Lisa tuvo muchas ganas de comerse la bandeja completa.

- ¿Desde cuándo no te caes en un charco? - el muchacho metió la galleta en su boca y la comisura de sus labios comenzó a subir. Estaba conteniendo la carcajada de su vida.

Lisa no entendía a que se refería el muchacho ¿caerse en un charco?, la semana pasada se había caído en uno pero, ¿debería responderlo o solo era una broma?. El muchacho la miro como atónito.

- ¿tantas veces te has caído? - Lisa sonrió nerviosamente, aunque por dentro quisiera patearlo. El chico sonrió y a Lisa le pareció ver esa sonrisa antes.

- ¿Puedes llegar al punto de esto? - La muchacha soltó su mano y comenzó a comer una galleta.

- Ya olvídalo, me odiarías si te recuerdo cómo te miraba aquel guardia en la entrada del salón Penumbria, hace... ¿Dos años?

Y entonces Lisa lo recordo, el chico de cabello rubio quien miraba la lluvia, el guardia mirándola con lastima y luego su caída y las burlas de la persona que se encontraba frente a ella.

- Eres un idiota... - Lisa suspiro y miro avergonzada a otro lado.

-¿Pero me he puesto guapo cierto? - Lisa lo miró extrañada, si era humor no le estaba causando risa. - El punto es que estoy diferente...

- Ah, sí... No te he reconocido. - la chica lo miró y luego a la mesa de postres. -¿cómo me has reconocido?

- Siempre supe que eras la hija del profesor.

- El tiene dos hijas. -le respondió la chica.

- Creo que... Puse mis ojos en ti mucho tiempo aquella vez. - Lisa lo miró y soltó una carcajada, Lucas se ruborizó y entorno sus ojos. - Es la verdad... No has cambiado demasiado.

- Bien, bien... Tu luces maduro.

- ¿te vienes a presentar a la sociedad hoy? - Lisa asintió. - ¿quieren tus padres que te cases a los quince?

- Mis padres no arreglaran mi matrimonio.

- Eso es bueno entonces... Aunque mis padres son de matrimonio arreglado, no a todos les va muy bien - Lucas miró a su padre y luego a la chica. - ¿Tus padres lo son?

- No, eran vecinos cuando jóvenes y siempre se gustaron hasta que se casaron. - Lisa comió otra galleta. - Mi madre me explicó que su hermana tuvo que casarse con un tipo del ministerio y lloro mucho por dejar a su amor...

- Y no quiere hacer sufrir así a sus hijas. - la interrumpió Lucas, completando lo que ella planeaba decir.

- Exacto, creo que es algo bueno... No me siento preparada para tener un hijo tan joven. - la chica recordó los dolores de parto que tuvo su amiga Ursula.

- Es genial... Pero es algo difícil.

- Supongo. La mayoría de los jóvenes no perderán su tiempo enamorando a una hija de profesor.

- Tienes razón.

- Lisa. - Su padre grito y la chica lo miró. - ya han venido por nosotros.

- Debo irme. - Lisa tomó tres galletas más y luego le dedicó una sonrisa. - Fue bueno hablar contigo sin sentirme humillada.

- Lisa. - El chico la tomó por el brazo y le dio tres galletas más. - se tu dirección ... Te escribiré.

- Bien. Hasta luego Lucas.

Micro Historias: El Charco ~ Primer Encuentro.

— ¡Rápido Lisa! — comenzó a decir su padre.
— ¡Ya voy padre! — la chica comenzó a caminar rápido. — te he dicho que caminar con vestidos y tacones es un desastre.
— Venga Lisa pero ya eres una jovencita — Escucho a su padre decir antes de que dejara el salón, la chica intentaba alcanzar a su padre, quien ahora corría en dirección a la salida.
La chica bufo y cruzó la esquina del gran salón, donde minutos antes había sido la reunión de su padre con algunos profesores del pueblo, bajo unos escalones y se encontré con la salida hacia el porche que gracias al cielo tenía un pequeño techo sobre ella.
— Quédate aquí ¿si? — le dijo su padre quien apoyado sobre la baranda comenzaba a bajar las escaleras del porche — Creo que el carruaje se ha demorado, iré a ver si se han equivocado de salón.
— Papá, espera aquí... Vendrán en algún momento — la chica se cruzó de brazos fastidiada, ya había tenido suficiente con aquella larga cena y charlas de ancianos como para correr bajo la lluvia.
Su padre frunció el ceño antes de contestar. — Es que la reunión de médicos es en aquel lugar — dijo señalando hacia alguna zona de la calle — estoy empezando a pensar que fueron primero por tu tio Charles que por nosotros.
— Bien, ve a donde el tío. Esperaré aquí.
Su padre dejo el porche en unos segundos y el guardia de la entrada le dedicó a la jovencita una sonrisa de comprensión, Lisa por su parte suspiro y camino en sentido contrario por aquel gran porche apoyándose de la baranda.
En la esquina se encontraba, con las manos en sus bolsillos, un chico rubio unos años mayor que ella — quizás tenga unos catorce o quince — pensó para sí misma. Aquel joven se veía muy ocupado viendo la lluvia caer, Lisa no quiso interrumpirlo y se dio media vuelta, el guardia de aquel lado la miraba aún con lastima, como quien deja un perro abandonado en la calle. — Idiota, mejor mírate a ti mismo de esa manera.
Lisa de mal humor bajo las escaleras para dirigirse a la calle, si él carruaje se había equivocado tomaría mucho en dar la vuelta, sería más fácil que ella se encontrar allí en el salón de médicos y así no tendría que soportar las miradas de lastima del guardia o de cualquier otro que dejara el salón a estas horas.
La chica llego a tierra y se cubrió su cabello castaño, o más bien se cubrió de las gran gotas de lluvia que caían del cielo.
— Camina por el borde. — le dijo una voz masculina. Lisa giró su cabeza y se encontró con el chico que miraba la lluvia. — el techo del porche sobresale, camina por el borde y no podrás mojarte.
— Ya lo sé. — le dijo la chica. Y la verdad era esa, lo había pensado para luego correr hacia la otra calle. — Gracias.
Lisa comenzó a caminar despacio debajo del angosto pedazo de techo que estaba sobre ella. Comenzó a verlo muy complicado, al final el ruedo de su vestido y sus tacones estaban todos sucios. — Me voy a mojar de todos modos, no tiene caso si continúo cubriéndome.  — dijo como si alguien necesitase saberlo.
Dejó de cubrirse y comenzó a caminar lentamente en dirección al salón de médicos del pueblo dejando tras ella el porche con el guardia, quien quizás la estaría viendo con más lastima que nunca, y al chico.
No había caminado mucho y ni siquiera estaba lo suficiente mojada cuando tropezó con una roca y el tacón de su zapatilla derecha se quebró, haciéndola caer en un pequeño charco de tierra originado por la lluvia.
— Demonios.  — dijo cuando ya se encontraba sentada sobre aquel pequeño charco. — buena manera de terminar el día.
— ¡ JA JA JA! — una gran carcajada vino acompañada de aplausos tras ella. Luego de unos segundos de risas, grandes y sonoras risas, le grito. — espera, iré por ti. — era la voz de chico.
Lisa avergonzada se puso de pie como pudo e intento no volver a tropezar cuando el tacón quebrado piso la tierra. — No necesito tu ayuda. — le dijo rápidamente.
— Ay que bárbaro. — decía el muchacho tras ella — ven deja te ayude. — la voz estaba mucho más cerca y una mano la rodeo por la cintura.
— ¡Suéltame! — Lisa se zafó del brazo del muchacho y este sonrió y la miro extrañado. — Luego de reírte como tonto vienes a ayudar. Ya vete.
— Me ha sorprendido tu caída. — el chico no se dio media vuelta, continuaba tras de Lisa mientras la castaña daba pequeños pasos hacia la otra calle. — y te has caído sentada, discúlpeme damisela pero me ha causado mucha risa.
— No vengas con esos sobrenombres tan viejos — Lisa lo miró de reojo y continuó caminando. — vete.
— Usted es la hija del profesor North— Lisa no se sorprendió, su padre era de los más reconocidos profesores de literatura del pueblo. — ¿con qué cara puedo verlo si dejo a su hija tirada bajo la lluvia?
— Con la misma cara con la que te reíste de ella. — el chico soltó una carcajada y Lisa aceleró el paso, divisó a su padre salir del salón junto a su Tío.
— Es que te he visto dentro y parecías tan determinará para tener la edad de presentación... — Lisa suspiro. Era normal que todos pensaran que ya había cumplido sus catorce, porque era una chica alta, pero no era así, apenas estaba cerca de cumplir los trece.  —... Me pareció increíble ver que la misma chica se cayó en un charco.  — y esto vino acompañado de risas.
— Te sorprenderías más si supieras que ni siquiera tengo los trece. — el chico río y ella lo miró fijamente. — ya puedes irte, mi padre está por allá. — le dijo señalando al frente. La gotas de lluvia cubrían toda su cara.
— No me he sorprendido tanto. — Admitió el chico dando algunos pasos para atrás. — Si tienes doce y hablas de esta manera... No puedo admirar más a tu padre, te ha de hacer leer miles de libros. — y con esto se dio la media vuelta.